MOSCÚ.- Miles de manifestantes salieron ayer a las calles de Moscú encabezados por el opositor Alexei Navalny para exigir un cambio de gobierno. “¡Rusia sin Putin!”, clamaban los críticos del Kremlin, mientras que Nelavalny urgió a celebrar elecciones libres, a dejar operar a los medios locales sin censura y a allanar el terreno para que exista una verdadera posibilidad de ocupar el Ejecutivo, actualmente a cargo del presidente Vladimir Putin.

En su discurso, Navalny recordó el asesinato del ex vicejefe de gobierno Boris Nemtsov, que murió en un ataque en las inmediaciones del Kremlin en febrero.

Navalny responsabilizó del hecho al líder checheno Ramsan Kadyrov, quien “probablemente” recibió el encargo de Putin, afirmó el opositor entre aplausos de los manifestantes. El Kremlin considera las acusaciones absurdas. La justicia ha apresado a los presuntos atacantes, que por su parte dicen ser inocentes. Precisamente, la última gran manifestación de la oposición no parlamentaria tuvo lugar el pasado 1 de marzo en las inmediaciones del Kremlin al día siguiente del sonado asesinato.

Navalni volvió a repetir el famoso lema de que la formación oficialista Rusia Unida es el “partido de los ladrones y sinvergüenzas”, a lo que los asistentes respondieron coreando el popular grito de guerra “Rusia sin Putin”.

Aunque aún no lo ha confirmado, Putin -que ya fue presidente dos ejercicios en 2000-2008 y que volvió al Kremlin en 2012- se presentará previsiblemente a la reelección en las presidenciales de 2018, aunque en 2024 debería abandonar el puesto, ya que la Constitución prohibe más de dos mandatos consecutivos.

La manifestación tuvo lugar después de las elecciones municipales del 13 de septiembre, en las que los partidos más críticos con el Kremlin sólo pudieron participar en la región de Kostroma, donde no llegaron al 2 % de los votos. La oposición acusa a la Comisión Electoral Central de impedir con falsos argumentos que sus candidatos se postularan en numerosas regiones del país.

Tanto los organizadores de la protesta como los nacionalistas y comunistas, que tienen representación parlamentaria, han denunciado numerosas irregularidades durante la jornada de votación, aunque Putin alabó la limpieza de los comicios.

En el mitin se pudieron ver ayer numerosas banderas tricolores rusas y los símbolos del Partido del Progreso de Navalni, organizador del acto, de la liberal Parnas y de otras organizaciones democráticas minoritarias. Los opositores que intervinieron también denunciaron la corrupción en la administración pública horas después de que fuera detenido por corrupción el gobernador de la república de Komi (norte), miembro del partido del Kremlin, Rusia Unida.

Entre las pancartas que portaban los manifestantes se vieron algunas contra la posible intervención militar rusa en Siria y críticas a Putin por la profunda recesión en la que se encuentra sumida la economía, que ha duplicado el número de personas bajo el umbral de la pobreza.

La manifestación tuvo lugar en el barrio de Marino, en el este de la capital rusa, después de que las autoridades locales rechazaran la solicitud de celebrar un mitin y una marcha en el centro de Moscú.

Como es tradición, no acudieron los partidarios de las formaciones opositoras con representación parlamentaria -comunistas, nacionalistas y socialdemócratas-, que acusan a Navalni y a sus seguidores de tener vínculos con Occidente.

Diversas consignas

“¡No a la guerra!”, “¡Libertad a los pueblos, muerte a los imperios!”, “¡Los rusos están en contra de la guerra con Ucrania!”, “¡Fuera las manos de Ucrania!”, fueron algunas consignas defendidas en las pancartas de los opositores.

El diario español “El País” sostuvo que la marcha moscovita fue heterogénea: hubo desde extremistas anarquistas de la organización Naródnaya Vola (Voluntad Popular) a representantes de la derecha democrática, como el ex jefe del Gobierno ruso Mijaíl Kasiánov. No hubo consenso sobre el número de participantes: la policía contabilizó 5.000, los organizadores 10 veces más; fuentes más neutrales hablan de 10.000 o 26.000.

En Ucrania, mientras tanto, se prevén serias dificultades para cumplir con el memorando de desmilitarización firmado en Minsk. El acuerdo, cerrado tras difíciles negociaciones, estipula que las partes beligerantes sitúen 15 kilómetros más atrás su armamento pesado, formando así una franja de seguridad de 30 kilómetros. Se trata de un paso vital para estabilizar la línea del frente en las provincias de Donetsk y Lugansk. Además, el documento prohíbe los vuelos militares, aunque sí podrán sobrevolar la zona los drones de la OSCE para vigilar el cumplimiento del alto el fuego y controlar que no haya incursiones por la frontera rusa. (DPA-Reuters)